miércoles, 20 de abril de 2016

Naturaleza y esquí en Navacerrada.

Naturaleza y esquí en Navacerrada.

Navacerrada es un municipio de Madrid situado a 52 kilómetros de la capital de España. Rodeado de las montañas más altas del Sistema Central es un lugar ideal para disfrutar la naturaleza.
El Puerto de Navacerrada es la estación de esquí que acapara la atención de los visitantes de la localidad. Se encuentra en el límite de las provincias de Madrid y Segovia y se eleva a 1.858 metros sobre el nivel del mar. Tiene dos zonas diferentes, la de principiantes y la de nivel alto, esta última no siempre está abierta al público.
Las nevadas en Puerto de Navacerrada van de noviembre a abril, acumulando hasta 2 metros en algunas zonas. Desde Madrid se puede llegar en tren. Es un sitio muy visitado por los habitantes madrileños.
Los primeros habitantes de Navacerrada se dedicaban a la ganadería y la agricultura. Es a principios del siglo XX (aproximadamente en 1915) que la cercanía con la capital española hace que surja el interés como punto de reunión para los amantes del esquí y de la naturaleza, construyéndose en 1923 el ferrocarril de Cedilla al Puerto de Navacerrada.
La estación de esquí se divide en dos partes: la parte alta y la parte baja. En la parte baja se encuentran las pistas de menor dificultad, entre las que se encuentran la del Telégrafo y el Escaparate. En la parte alta están las pistas de mayor pendiente, como Guarramillas y Pala de Montañeros. En total hay 20 kilómetros de pistas, de los cuales están regularmente habilitados tres.
Además de las pistas hay zonas abiertas al público para aprender a esquiar y deslizarse en trineo. Y por supuesto, existe una oferta de hoteles y restaurantes que atienden al visitante.
Senderismo y naturaleza
Para disfrutar de la naturaleza se puede hacer un paseo por La Barranca, un área recreativa en donde crecen pinos y cantan las aves. Ocasionalmente también se puede observar algún venado. Otra visita recomendada es el Mirador de la Ermita de San Antonio, en donde se puede apreciar el paisaje de la Sierra de Gadarrama, en donde se encuentran los cerros de Navacerrada, Collado Mediano, La Maliciosa, La Pedriza y la sierra de los Porrones.
Un sendero recomendado para hacer a pie es la senda de Schmidt, que desemboca en la pradera de los Corralillos. Otra ruta recomendada para el senderismo es la ruta de Puerto de Navacerrada a Manzanares El Real, con un recorrido total de 17 kilómetros. Es de hacer notar que esta ruta se recomienda hacer en grupo y con clima favorable

martes, 19 de abril de 2016

Una aventura en Roma.

Una aventura en Roma.

Ariana, una amiga viajera me cuenta por chat de su aventura en Roma. El mes pasado cumplía al fin su deseo de visitar la ciudad y estaba emocionada. Viajaba de Madrid a Roma y el vuelo y la llegada transcurrieron sin problemas. La ciudad, como la imaginaba, majestuosa y entretenida. Ariana siempre va informada a los lugares que visita. Arma su propio tour por el lugar y va a su ritmo. Como es muy sociable casi siempre encuentra compañía en el viaje. El italiano que se encontró en la Fontana de Trevi parecía ser una muy buena compañía.
Giovanni, un italiano muy simpático y apuesto, se acercó a mi amiga Ariana para conversar. Ella sabía que en la Fontana de Trevi a veces los italianos se ponen muy amigables con las turistas, para ver qué logran robarles y en otros casos algo más grave. Giovanni no parecía alguien que pudiera hacerle daño pero no se confió. La conversación con vista a la fuente fue amena y en español, porque el nuevo amigo había vivido algunos años en España. Él le compró un helado y al finalizar de comer, sugirió dar un paseo por la ciudad. Ariana se negó y le dijo que mejor mañana, y Givanni no insistió. Conversaron durante algún tiempo más y el italiano simpático se fue. En el camino de regreso al hostal donde se hospedaba, mi amiga se preguntaba si no debió aceptar el paseo con el italiano. Quizá hasta hubiese habido buen sexo.
Con este pensamiento llegó al hotel, cansada de caminar todo el día y con el recuerdo de Giovanni fresco en la memoria. Pensó que se había enamorado. Luego buscó en su bolso dinero para comprar una botella de agua pero al buscar en su cartera por el efectivo se encontró con que ya no tenía los 300 euros con que había salido por la mañana.

lunes, 18 de abril de 2016

Perdido en Nueva York.

Perdido en Nueva York.

Nueva YorkA Gonzalo se le arruinó el celular el día que se fue de viaje a Nueva York. Como el viaje no era de negocios y además sólo sería por una semana, pensó que no valía la pena preocuparse y cuando llegó a Nueva York avisó a su casa que todo estaba bien.
Disfrutó unos días con su hermana, a quien iba a visitar. Había tanto que hacer y conocer que se desconectó de las redes sociales. Nunca fue aficionado a compartir su vida.
Sin embargo un grupo de amigos se preocupó al no verlo activo en el Whatsapp. No había contado a casi nadie que se iba a Nueva York y en un par de días al no responder el celular corrió la alarma. Pensaron que le habían robado o herido o que algo muy malo había sucedido.
Cuando la alarma llegó a María, la esposa de Gonzalo, todos daban por sentado que lo habían asaltado y probablemente estaba en el hospital. María no leyó bien la serie de publicaciones y con el corazón palpitando a mil por hora marcó el teléfono de su cuñada en Nueva York, pero nadie contestó. Ella había olvidado su celular en casa.
La angustia terminó cuando se dio cuenta de que estaban especulando y que no sabían que había salido de viaje. Les aclaró por una red social que todo estaba bien y que él estaba en Nueva York.
Ese día, sin embargo, Gonzalo tuvo un accidente. Cayó de bruces cuando tropezó por la Avenida Broadway y se lastimó una rodilla. Nada que fuera grave.

viernes, 15 de abril de 2016

Fobia a perder el tiempo.

Fobia a perder el tiempo

La vida citadina hace que haya una fobia a perder el tiempo. Por eso se inventan aplicaciones de celular para ser productivos en los ‘tiempos muertos’. Y en los viajes ahora se planifica a dónde se irá, qué se verá y se hace una lista de qué es lo que tenemos que hacer. Si se va en un tour guiado, esa lista la hace alguien más por nosotros.
Es decir, si no planificas tu viaje de turismo, estás perdiendo el tiempo y si pierdes el tiempo, estarás perdiendo dinero. Así, los viajeros suelen regresar más cansados de lo que se fueron, pero con las ‘baterías recargadas’.
Uno debería hacerse un punto medio propio. Sí, está bien ir a los lugares emblemáticos de la ciudad que visitamos, pero evitar la ansiedad y la tensión de tener que cumplir con una número de lugares, como si estuviésemos haciendo una tarea. Tal vez sólo pasear por las calles sin rumbo fijo y perderse un poco no sea tan malo, siempre y cuando sepamos cómo regresar, por supuesto.

jueves, 14 de abril de 2016

El mitin.

El mitin.


Temprano en la mañana un grupo de hombres monta la tarima donde será el mitin de la tarde. A media mañana llegan los del sonido con su equipo, su bocinas y micrófonos. Llegará al pueblo uno de los candidatos a la presidencia. Antes de él, estará una guapa cantante grupera, que se encargará de levantar el ambiente para que el candidato agarre al pueblo ya animado. En el camino hacia el pueblo, en la camioneta que traslada al candidato, está el asesor de marketing, puntualizando algunas cosas que debe decir el candidato en el mitin. El candidato lo escucha como si fuera un predicador, el mago que le ayudará a llegar al poder. Pero en el pueblo lo espera un grupo de vecinos que subversivamente tomará el micrófono.
El asesor de marketing diagnosticó que el pueblo es de clase baja, así que el candidato no debe usar pantalón de tela ni corbata. Llevará un chaleco que a su vez es antibalas. Usará camisa de manga larga arremangada, que indica que es un hombre trabajador. Al subir a la tarima uno de los locales, miembro del partido, le alcanzará un sombrero fabricado en el pueblo. El candidato a alcalde del pueblo y el candidato a diputado hablarán antes que él. En ningún caso hablará más de quince minutos. Una de las asociaciones del pueblo le entregará un reconocimiento.
El candidato repasa mentalmente el nombre del pueblo y de los pueblos de alrededor. Cuando hable de sus promesas para el pueblo debe enseñar las palmas, lo que indica honestidad. Las veces que diga que va a ganar las elecciones debe levantar la mano derecha empuñada. Debe tener cuidado con la modulación de la voz, debe casi gritar cuando diga que combatirá la violencia, pero debe bajar un poco la voz cuando hable de los ciudadanos honrados del pueblo, con los que cuenta para la elección.
El candidato llega a media tarde al pueblo. La cantante grupera ya hizo su intervención, y ahora está hablando el candidato a diputado. Al bajarse de la camioneta, lo reciben unos niños a quienes acaricia la cabeza. Un par de ancianas se acerca a abrazarlo. A los hombres les estrecha la mano derecha y con la izquierda los toma del antebrazo. Un par de señoras con niños de brazos se acercan para que el candidato los abrace. El fotógrafo oficial del partido toma las fotos pertinentes. Un camarógrafo toma video de toda la situación. Es el mismo rito en todos los pueblos que visita el candidato.
El grupo de vecinos que tomará el micrófono de forma simbólica, boicoteando el mitin, está atento a todos los movimientos. Sus miembros están repartidos por la calle, se comunican por celular. En menos de un minuto los quince miembros del grupo están enterados de la ubicación exacta del candidato. El plan comienza. El grupo lo ha planeado todo durante un mes. El acto que piensan hacer será simbólico, tal vez inútil, piensan algunos. Pero hay que hacerlo.
Mientras tanto el candidato llega hasta la tarima. Recibido con aplausos, el candidato comienza a dar su discurso. Promete que todo se va a solucionar, que él logrará con su equipo sacar adelante a nuestro maltrecho país. Sabe que si no promete grandes cosas, nadie votará por él. Sigue todos los consejos del asesor de marketing, se muestra enérgico cuando se necesita y afable cuando el discurso lo requiere. Los del grupo de vecinos se han hecho con la plaqueta de reconocimiento que le iban a entregar al candidato, y uno de ellos tomará el lugar de la persona que iba a entregarla.
El candidato termina su discurso en medio de aplausos. El maestro de ceremonias anuncia entonces que el candidato recibirá un reconocimiento de parte de la Asociación de Amigos del Pueblo. Pide que pase la persona encargada. Entonces suben cinco de los del grupo de vecinos. Los del partido y el candidato no saben que no son los de la Asociación de Amigos del Pueblo. Los pocos miembros verdaderos de esa asociación, armada sólo para el mitin, están borrachos en la cantina de uno de los del grupo de vecinos. Sólo un par de personas se dan cuenta del cambio, pero como no les interesa demasiado, esperan a ver qué pasa.
El vecino toma el micrófono.
Estimados vecinos. He venido aquí en representación de un grupo de vecinos indignados. Todos sabemos que el gobierno ha tenido abandonado a este pueblo, y que cada vez que hay elecciones todos los candidatos vienen a ofrecer de todo y después se olvidan de nosotros. Todos sabemos que los gastos de este mitin los financia…
El audio del micrófono que utilizaba el vecino fue cortado. Los encargados de la seguridad del candidato intentan bajar a los vecinos de la tarima. Otro de los vecinos entrega un megáfono al vecino para continuar el discurso. El candidato, abochornado, baja de la tarima y se enfila a su vehículo, a paso rápido.
El vecino de la voz cantante toma el megáfono y continúa su discurso.
Los gastos de este mitin los financia B, el dueño de las bodegas donde se almacena contrabando de todo tipo. Financia también los gastos de los mitines de todos los demás partidos. Ante los miembros de la dirigencia de los partidos es un empresario exitoso que apoya la campaña.
Los encargados del sonido del mitín elevan el volumen de la música, pero otro de los vecinos corta los cables de energía eléctrica con su machete.
El discurso del vecino continúa.
Ningún candidato va a trabajar por el pueblo. Todos nos van a pisar. Nos mataron al candidato del grupo de vecinos, ustedes se enteraron. Pero estimados vecinos, esto no puede seguir así. No es posible que vayamos a votar cada cuatro años por candidatos que no se interesan más que en el pisto. No podemos tomar el poder, pero por lo menos protestemos, indignémonos. Mandémolos a la mierda aunque sea de palabra. Que sepan que los detestamos, que no los queremos. En la boleta de las elecciones todos van a escribir el nombre de A, nuestro candidato asesinado. El que no sepa leer, que venga con nosotros y le enseñamos cómo poner el nombre. Nos quitaron la opción de elegir, pero a ellos no los queremos.
El vecino baja de la tarima en silencio. Todo el pueblo está callado. Sólo se escucha al fondo el ladrido de un perro y el vehículo del candidato que va camino hacia el siguiente pueblo. Unos pocos aplausos tímidos siguen al retiro de los del grupo de vecinos, pero pronto todos los presentes aplauden al unísono. Por la noche, un carro pasa enfrente de la casa del vecino que dio el discurso. De una de las ventanillas sale una mano empuñando un revólver. Dispara tres balazos en la puerta de la casa del vecino. El grupo de vecinos está en otro lugar, planeando las acciones para el mitin del siguiente candidato que llegue al pueblo.

El sicario.

El sicario.


Pongamos que me llamo Alfredo, para no entrar en detalles. Me dedico a matar gente por dinero, es decir, soy lo que llaman un sicario. Como soy efectivo y discreto, cobro caro. Así me aseguro de no trabajar demasiado; a veces con tres trabajos al año la paso sin problema. Si me miran por la calle, nadie me tendría miedo. Soy bajito y flaco y tengo cara de imbécil. La cara de imbécil me la inventé yo mismo, como un disfraz para pasar inadvertido. Hay que ser un desalmado para hacer este trabajo, sí, pero hay veces que mis trabajos hacen verdadera justicia. Como la vez que maté al idiota de mi vecino.
En general no siento ninguna simpatía por la gente. Todo mundo te predica cómo has de vivir o pensar o intenta sacarte dinero. Desde pare de sufrir hasta el último celular inútil con acceso a las redes sociales de vanidad. Le llaman religión o negocios, pero de lo que se trata es de sacarte el dinero a como de lugar. No tengo ni celular ni correo electrónico. Eso sí, tuve un perfil de facebook falso que usé para rastrear a un par de encargos. Puse fotos falsas e información falsa, por supuesto. Luego de terminado el trabajo, borré el perfil. En internet soy invisible, como si no existiera. No le encuentro la gracia a andar por ahí exhibiéndose y publicando todas las estupideces que se te pasan por la mente.
Desde pequeño fui antisocial. No tengo ninguna actividad favorita más que ver películas en la tele y dormir. A veces también leo libros. Me encanta dormir. Más de algún lector se preguntará cómo puedo dormir teniendo el trabajo que tengo, pero a los que no tenemos conciencia, los que estamos libres de remordimientos, en realidad no nos importa nada. O casi nada.
El que se encarga de pasarme los trabajos es un tipo que se hace llamar Néstor. La manera en que me contacta para los encargos es que llama a mi tía Marta y se hace pasar por un amigo mío de la infancia. Le pregunta por mí y le dice que me vio el otro día en tal comercial. Yo ya sé que entonces espera que yo llegue a almorzar a ese comercial. Mi tía Marta vive a unas cuantas cuadras de mi casa, y yo paso regularmente a cenar con ella. Creo que es la única persona por la cual siento un cariño sincero. Cuando llama Néstor, siempre queda de visitarnos, pero por supuesto nunca lo hace. El amigo de la infancia por quien se hace pasar fue uno de mis primeros trabajos, encargado por él mismo. En donde tía Marta es donde tengo mis armas y donde guardo el dinero de los pagos, que poco a poco voy depositando en las cuentas de la tía en donde tengo firma. Ella no sabe nada, sólo me guarda mi baúl con mis cosas.
Aparte de tía Marta, con las únicas personas que tengo contacto es con las putas. A veces llamo para que lleguen a mi casa, otras veces voy a los prostíbulos. Siempre pido dos, para un día entero. En una ocasión hasta pedí que me alquilaran un cuarto en un prostíbulo. Me pasé dos semanas sin salir. Fue divertido.
Los trabajos generalmente son personas que obstaculizan negocios de otros o parejas infieles. En una ocasión me tocó un viejo al que los nietos querían muerto para cobrar herencia. En otra ocasión era una mujer de la alta sociedad que quería deshacerse de su amante lesbiana para apropiarse de sus negocios. En ambas ocasiones me pagaron bien. Los clientes ven a mi trabajo como una inversión a la que esperan sacarle rendimiento. Es cuestión de negocios y ganancias.
Por el último trabajo que hice no cobré. Fue para una mujer, vecina mía, a la que su marido amenazó con matar delante de sus dos hijas. La verdad, la mujer, su marido y sus hijas me resultaban totalmente indiferentes. La mujer, sin embargo, es una treintañera atractiva. Un día coincidimos en la tienda con la mujer y una de las niñas y vi que a la mujer se le había olvidado el dinero para pagar los huevos y el pan que llevaba. La niña, de unos cinco años, iba con ella y le pedía dulces. Como vi a la mujer buscando desesperadamente entre su bolsa y yo no soy paciente, le dije que le prestaba el dinero y que se fuera. También le compré un dulce a la niña. Yo esperaba deshacerme de la señora y la niña, pero cuando la niña recibió el dulce, me lanzó una sonrisa tan especial que me dejó desarmado. Yo no estaba siendo amable, sólo quería que se fueran. Pero ella decidió lo contrario, y que en recompensa, yo, un infame asesino a sueldo, merecía una sonrisa. Desde entonces saludaba cordialmente a la señora y a las niñas, cosa que no hacía con mis demás vecinos.
Una noche que regresaba a casa, escuché gritos en la casa de la vecina. Marido y mujer se peleaban. Yo al marido nunca lo traté y poco me recordaba de su cara. Como una de las ventanas daba a la calle, me acerqué a observar. El imbécil amenazaba a la mujer con una pistola, mientras las dos niñas lloraban. Yo sé qué cara tiene la gente que puede matar, y el tipo tenía esa determinación, pero todavía no daba el paso final. Para distraerlo, toqué a la puerta. El tipo maldijo a gritos desde adentro. Le dije que dejara de gritar y que no se atreviera a disparar el arma. Enfurecido, salió a la puerta. Yo lo esperé y en dos segundos lo sometí y le quité el arma. Siempre he tenido una fuerza que no me explico, dada lo chaparro y flaco que soy. Le quité la tolva a la pistola. Le di el arma a la mujer, diciéndole que la escondiera y que preparara un té para el tipo. Luego me fui a casa.
Al día siguiente robé una moto y lo seguí hasta donde trabajaba. Esperé a que saliera de su trabajo por la tarde y lo volví a seguir. Llovía fuerte. Esperé a que el tipo saliera de la ciudad y lo alcancé en un semáforo en el que yo sabía que no había cámara y donde no circulaban mucho tráfico. Me puse a la par de su carro, le mostré mi arma, le indiqué que bajara el vidrio y le pedí el celular y la billetera. Me los entregó mansamente. No me reconoció, o por lo menos eso pensé. Luego apunté con mi arma a su frente y disparé. Luego al pecho, en el tercer botón de la camisa, y volví a disparar. El último disparo a la sien. Quedó bien muerto. Abrí la puerta de su carro, lo apagué y puse el freno de mano. Luego me di la vuelta y me fui lo más lejos que pude a tirar la moto y deshacerme del celular y la billetera y de la ropa que llevaba puesta.
Me sentí realmente satisfecho, había librado a las niñas de un padre asesino. La mujer, por su parte, sufriría el impacto de la muerte, pero dadas la circunstancias, se sentiría aliviada. Esa noche volví algo tarde, y no fue sino hasta el otro día que por la mujer de la tienda me di por enterado del suceso. Ay, ya no se puede vivir en paz aquí, me dijo. Yo pensaba justamente lo contrario, pero le dije que tenía razón.
Fui hasta la casa de la vecina y toqué a su puerta. La niña del dulce salió a abrirme y me sonrió, pero tenía sus ojitos hinchados. Mi mamá está triste, me dijo. Decile que venga, le pedí. La mujer salió. Tenía su cara descompuesta, pero se miraba linda. Le di un sobre con dinero. Le dije que era para los gastos del entierro, que lo sentía mucho. Me dio un abrazo y un beso en la mejilla. Regresé a casa. Me sentí feliz.

martes, 12 de abril de 2016

El Servicio.

El Servicio.


Alfonso llegó retrasado al ensayo de la iglesia. El pastor había citado a los doce pastores auxiliares para el jueves a las seis de la tarde. Todos varones, como los doce apóstoles. Les había indicado que era muy importante, y que además, no contaran a nadie. Después de disculparse y recibir la mirada de reproche del pastor, se integró al grupo. Habría un evento especial el sábado. El pastor dijo que los ingresos de la iglesia habían bajado y que era necesario hacer algo especial para llamar la atención, el nuevo templo lo requería. Cuando Alfonso se enteró de qué iba la cosa, se rió nerviosamente, pero después de ver la mirada seria del pastor, sintió una mezcla de temor y aberración.
Alfonso era un hombre en sus cuarentas que había asistido a la iglesia durante los últimos cinco años. El pastor era un tipo agradable y carismático, y había hecho que gente rica donara mucho dinero. Lo que había atraído mucha gente eran las jornadas de sanación, en la cual gente que llegaba en silla de ruedas de repente echaba a correr. Habían cánceres y tumores desaparecidos, ciegos que volvían a ver. La mayoría de sanados eran gente que venía de otros pueblos. Se les instruía y pagaba para que dijeran una historia atractiva, algunas veces debían llorar, otras desmayarse y sobre todo dar gracias a Dios y al pastor. Nunca hubo un inválido, canceroso o ciego real.
Al principio a Alfonso le chocó la idea de las sanaciones. Pero al llegar a la iglesia ya tenía dos años desempleado, y pensó que el dinero que le ofrecía el pastor no era despreciable. Le pagaban bien por aprenderse de memoria textos de la biblia, contratar a los que serían sanados y organizar algunos servicios a la semana. A veces iba a otros poblados a predicar, y las ofrendas no eran despreciables. Cuando miraba cosas que no parecían muy honradas dentro de la iglesia, pensaba que al fin y al cabo la gente necesita de la religión para creer en algo. El milagro era hacer que la gente se sintiera bien y que tuviera en qué ocuparse los fines de semana.
El pastor había citado a Alfonso y a los pastores auxiliares para un ensayo el jueves por la noche. El sábado iban a hacer un servicio especial y debían hablar y pulir detalles. Los ingresos de la iglesia debían subir un poco para el nuevo templo. Cuando Alfonso llegó al ensayo ya habían hecho la oración del inicio y el pastor se disponía a contarles el plan. Después de escuchar la explicación del pastor, algunos se miraron extrañados. No iba a ser como las otras veces, gente que camina, ciegos que ven. Iba a ser muy extraño.
En la primera parte del servicio el pastor pondría una biblia al centro del altar principal. La biblia iba a ser como una muralla: nadie podría pasar a través de ella, por la fuerza de Dios. Es decir, si Dios no quería, nadie podría pasar de la línea en donde estaba la biblia. Luego de explicar a los asistentes al servicio, el pastor invitaría uno a uno a los pastores auxiliares y a otros miembros de la iglesia a intentar cruzar la línea de la biblia. Nadie podría cruzarla. Cada uno haría como que quería cruzar, pero unos antes y otros después, iban a caer antes de llegar a la línea imaginaria delimitada por la biblia. Al caer, debían fingir algo parecido a un ataque epiléptico. Los pastores se miraron extrañados, pero nadie dijo nada. Lo que vino después fue lo que le hizo pensar a Alfonso que el pastor se había vuelto loco.
Luego de que cayeran, algunos llevarían alkaseltzer en las manos y se lo llevarían a la boca, para fingir que les salía espuma por la boca. Debían gritar como si fueran endemoniados. Otros debían desnudarse totalmente. El pastor se había encargado de contratar a una mujer para que se desnudara y se dejara tocar por los pastores. Luego el encargado del sonido haría sonar por las bocinas un trueno a todo volumen. Cuando el pastor gritara ¡yo te rechazo Satanás!, los pastores debían reaccionar y hacerse los sorprendidos y avergonzados, y recogerían su ropa e irían hacia atrás del altar, para vestirse. Luego regresarían a dar testimonio.
Los pastores auxiliares no podían creerlo. Era demasiado. Hubo murmullos. Uno de ellos dijo que no lo haría, y que se iba en ese momento de la iglesia. Lo siguieron la mayoría, incluido Alfonso. Se quedaron cuatro de los pastores. Afuera de la iglesia, discutieron y compartieron indignación. Alfonso los vio irse uno por uno, pero no se movió. Pensó en lo que les dijo el pastor: si no estaban con él estaban en contra. ¿A dónde iba ir Alfonso si dejaba su única fuente de ingresos? ¿Cómo iba a alimentar a su familia?
Decidió regresar. El pastor lo recibió con un abrazo. Le explicó que quería ponerlos a prueba, a ver si hacían todo por él, si dejaban todo, incluso su pudor por él. Le agradeció el regreso. El ensayo se llevó a cabo y fue de las cosas más extrañas en las que Alfonso había tomado parte en su vida.
Cuando llegó la noche del sábado Alfonso estaba muy nervioso. El viernes había mandado a su familia a otro pueblo, él mismo se encargó de irlos a dejar personalmente. Hacía calor y la iglesia estaba llena. Alfonso, previendo lo peor, le había pedido adelantado su sueldo al pastor la misma noche del jueves. Se reprochaba el haber aceptado aquella aberración. Oró, llorando, oculto en el baño de la iglesia, para que sucediera algo y no se realizara el servicio.
Cuando ya se acercaba la hora, asomaron, temerosos, los otros pastores que habían aceptado participar. Llegó casi al mismo tiempo la mujer contratada para desnudarse. Sin embargo, el pastor no aparecía. Quizá Dios lo había escuchado, pensó Alfonso. No podía llevarse a cabo algo tan denigrante.
Se llegó la hora del servicio, pero el pastor no aparecía. Se decidió que Alfonso comenzara el servicio, en espera de que llegara el pastor. Fue como siempre, algunas sanaciones, alabanza y sermón. Esa noche Alfonso explicó que tenían necesidad de una ofrenda extraordinaria para la construcción del nuevo templo. Se recaudó mucho más de lo esperado. El pastor nunca apareció.
Al día siguiente se supo por el noticiero que el pastor había muerto en un allanamiento de la policía en un pueblo cercano. El sábado al mediodía había una fiesta en la casa de un contrabandista muy buscado. Se le acusaba de lavar dinero, de extorsiones y de contrabando de mercadería robada. Y por supuesto, como a casi todo el mundo que hace dinero de la noche a la mañana, se le acusaba de narcotráfico. El pastor había sido la única persona muerta. Al escuchar a la policía entrar a la casa, se puso nervioso y salió corriendo directamente hacia los policías, y éstos, interpretando que los iba a agredir, dispararon. La noticia consternó a la iglesia y los funerales fueron concurridos.
Dos semanas después, la asamblea de la iglesia decidió que el pastor Alfonso debía quedarse a cargo.